Los pasados 5, 6 y 7 de octubre organizamos nuestra salida hacia la Reserva Natural Concertada de Puerto Moral para realizar nuestra actividad mensual de anillamiento científico de aves.
En una primera tanda partieron los "habituales" Fran y Manuela, acompañados en esta ocasión de Paloma y su hija Clara; lo hicieron el viernes después de comer. En una segunda tanda, ya a finales de la tarde partimos los demás, los "habituales" Manolo y Tracy, con Inga, a los que unió José Javier ("Seja").
El primer grupo, como llegó aún con luz, pudo poner ya ese mismo viernes las redes para capturar las aves. En esta ocasión eran 5 redes, que sumaban en esta ocasión 42 metros de longitud entre todas. Sin embargo en vez de situarlas en el "arroyo" situado al este de la casa, fueron colocadas entre la vegetación de madroños y brezo arbóreo que hay al noroeste de la misma, en la linde con la finca contigua.
La idea era aprovechar la fructificación de los madroños, pues sus frutos son muy apetecidos por las aves y al estar allí situadas las redes, el número de capturas podía ser alto. Pero no contamos con que el verano tan seco ha ello que el número de frutos actual sea casi nulo, y los que podrían desarrollarse en semanas posteriores están ya secos y difícilmente lo harán: o sea que si la cosa no cambia no parece una buena temporada de madroños.
Anillador experto sacando a un Herrerillo (Parus caeruleus) de la red
A lo citado antes se une otro hecho que influye sobre el número de capturas: octubre no suele ser un buen mes, pues la mayor parte de las aves migrantes que cruzan España, y luego en África cruzan el Sáhara para invernar al sur del mismo (migrantes "transaharianos" en el argot ornitológico), ya han pasado; y tampoco ha llegado aún el grueso de aves invernantes que vienen a nuestras latitudes del norte europeo para aprovecharse de nuestro clima más benigno.
Aún así, la cosa no estuvo tan mal, se capturaron 42 aves, de las que 30 fueron anilladas y 12 eran recuperaciones de aves anilladas anteriormente, con toda probabilidad por nosotros mismos en salidas anteriores (esto se comprobará más adelante; si fueran nuestras son lo que se llaman "controles" o "autocontroles")
En cuanto a las especies destacaban las sedentarias en principio: herrerillo común (15 aves) y petirrojo (14, aunque aquí si puede haber algún invernante temprano). El resto de las especies, con menos de 3 ejemplares capturados de cada una, fueron: curruca cabecinegra, mito, mirlo, agateador, carbonero y curruca capirotada, en principio todas seguramente sedentarias. Lo único a destacar fue la captura, algo tardía dada la fecha, de un papamoscas cerrojillo, migrante transahariano.
Papamoscas cerrojillo (Ficedula hypoleuca)
Y no solamente de aves nos preocupamos cuando vamos a la Reserva, pues también hay otras especies de interés: en este caso fueron los mamíferos: al llegar el viernes el grupo de Fran observó meloncillos durante la ida a la casa por la pista forestal, y nosotros lo mismo pero a la vuelta. También la noche del viernes enfocamos con los faros del coche un precioso zorro junto al cable que hace de acceso a la finca. Y por último la "estrella" en esta ocasión, los ciervos. Los vimos a la ida, a la vuelta, junto a las redes una vez, de noche detrás de la casa, en parejas de hembras, en grupo con crías de este año, y machos ...
Es decir, de todas las maneras posibles, pues estamos en plena época de celo de la especie, la conocida "berrea". Y los machos nos amenizaron las dos noches con su "berrear" desde el momento de ponerse el sol hasta las primeras horas de la mañana: espectáculo sonoro increíble.
Macho de ciervo común
Comentarios finales: recibimos el domingo la visita de Antonio Chamizo con varios acompañantes, que venían a revisar el estado del cercado de conejos y las conejeras. Por último, al volver el domingo a la carretera, poco antes de la misma, observamos en una roca una bonita collalba rubia, otro migrante tardío hacia tierras africanas. También apuntar que el viernes apareció en la finca una perrita de caza (tipo braco o así) que se quedó con nosotros durante todo el fin de semana (ciertamente era una animal bien educado y lo único que quería era la compañía, si bien no desdeñaba la comida), y a la cual la llamamos Rita. Antes de irnos le dejamos un buen recipiente de agua y algo de comida, aunque nos indicaron que debía de ser una perra de un cortijo cercano. Y así acabó la salida de octubre.

