Retomamos nuestras periódicas crónicas de las salidas de anillamiento científico de aves a la Reserva Biológica de Puerto Moral. En primer lugar aclarar que ha habido un "parón" de dos salidas, pues hemos faltado a nuestra cita en los meses de diciembre y enero, por un cúmulo de circunstancias negativas: problemas en el suministro de agua a la casa de la Reserva por avería de la motobomba, falta de suministro eléctrico por problemas en la instalación fotovoltaica, problemas logísticos por falta de vehículos adecuados, y algunas cuestiones más. Pero con todo solucionado o casi, esperamos volver a la normalidad.
En esta ocasión, aparte de los habituales: Manolo, Fran, Manuela, Tracy e Inga, se nos sumaron José Javier Fernández Aransay, Julio García y Clara García; además, contamos el viernes tarde y el sábado con la presencia de Estela Gil (también anilladora) y Elena Vivas.
El tiempo no estuvo mal, con viernes noche y sábado despejados, y con nubes altas el domingo. Respecto a la temperatura, baja por la noche y agradable cuando calentaba el sol.
Sin embargo, a la hora de la verdad, los resultados no fueron nada del otro mundo. Colocamos cinco redes en el límite oeste de la finca, en el torrente que hay con madroños y brezos, por el que circulaba algo de agua; pero las capturas se elevaron solamente a 27 aves, de las que anillamos 19 y 8 fueron recapturas.
Camachuelo común (Pyrrhula pyrrhula)
Lo mejor, como siempre, fue la variedad, con 11 especies diferentes: dos mitos, dos currucas capirotadas y dos currucas cabecinegras, un herrerillo, dos mirlos, nueve petirrojos, un reyezuelo listado, un agateador, dos mosquiteros y tres trepadores; y dejamos para el final lo más interesante, dos camachuelos. Estas aves, en este caso dos hembras, nidifican por gran parte de Europa, y en la Península Ibérica solamente lo hacen en la zona norte, siendo considerado raro como invernante en el resto.
Trepador azul (Sitta europaea)
A todo lo anterior se sumó el avistamiento de una liebre ante los faros de uno de los coches al llegar a la finca el viernes noche, el paso de seis cuervos en vuelo (cosa no habitual dado el número de individuos: primero pasó una pareja, y al poco otras cuatro aves juntas), la observación de ruidosos grupos de rabilargos y arrendajos, así como de colirrojos tizón, totovías, pinzones y un escribano soteño, todos ellos buscando alimento en el suelo cerca de la casa.
Y nada más que contar por esta vez. Hasta la próxima.

