EL FRAUDE EN LA CERTIFICACIÓN FORESTAL F.S.C.
Los Grupos de Defensa Ambiental de las zonas donde se instalan plantaciones de ENCE, certificadas con el sello del FSC, solicitan a Greenpeace, WWF, SEO/BirdLife y Ecologistas en Acción que abandonen el Grupo Español del FSC.
El ahora denominado Grupo ENCE Celulosa y Energía posee plantaciones, básicamente monocultivos de eucalipto en España, en Galicia Asturias y Cantabria gestionadas por la filial Norte Forestal, en Andalucía gestionadas por Silvasur y en Uruguay. Una parte de las plantaciones españolas y la totalidad de las uruguayas poseen el sello de gestión forestal sostenible del FSC (Forest Stewardship Council) un sistema de certificación que muchos consumidores europeos encuentran en productos de origen forestal y que, en España, está todavía comenzando a introducirse.
En el grupo español del FSC está representado en su cámara ambiental parte del movimiento de defensa ambiental del país, WWF, que fue quién promovió a principios de los años 90 la creación del sello, Greenpeace, SEO Bird Life y Ecologistas en Acción.
Si inicialmente se certificaban sobre todo bosques naturales de donde se extraían maderas nobles (el objetivo inicial era luchar contra el comercio ilegal de maderas tropicales y sus devastadores efectos sobre los ecosistemas cálidos), en la actualidad la mayoría de las superficies certificadas son monocultivos destinados a la producción de pasta de papel. En los últimos años, en la medida en que aumentaba la superficie certificada en todo el mundo, alimentando un potente negocio de empresas certificadoras, marketing verde y beneficios económicos de los certificados, comenzaron a surgir voces que alertaban de certificaciones que lejos de cumplir con los estándares establecidos por el FSC para la evaluación del carácter sostenible de la gestión forestal realizada por una empresa o un ente administrativo de gestión forestal, estaban provocando serios daños ambientales como fuertes transformaciones del paisaje, destrucción de bosques naturales, pérdida de biodiversidad, degradación de suelos e incluso desplazamiento de civilizaciones indígenas y atentados contra los derechos humanos. Pero mientras el número de voces críticas contra el sistema iba en aumento, también lo iba la superficie de monocultivos de árboles certificada y el volumen de negocio generado.
En 2004 se produjo la primera certificación de una empresa de ENCE en España, la de las 12000 hectáreas de plantación de Norte Forestal en Galicia, Asturias y Cantabria, posteriormente llegaron las de Uruguay y Andalucía. Desde la certificación, el conjunto de los grupos ecologistas del estado y organizaciones uruguayas e internacionales se volcaron en una reclamación a la
certificación que en España se tradujo en la suspensión del certificado en 1998. En Uruguay las plantaciones poseen todavía el sello.
En Julio de 2010, ENCE, de la mano de una nueva empresa certificadora, Bureau Veritas, obtiene de nuevo el certificado para parte de las plantaciones de Galicia, Asturias y Cantabria utilizando el truco de certificar solamente las parcelas menos degradadas para poder utilizar el sello en los productos. En 2011 se certificaron, también parcialmente, las plantaciones de Andalucía a pesar del fuerte impacto provocado por las plantaciones que se realizan en aterrazados construidos con maquinaria pesada que provocan un brutal impacto sobre el suelo y el paisaje.
El uso de agrotóxicos, la fuerte mecanización, la exclusión de vegetación acompañante, la eliminación de fauna, la expansión de parásitos y otros hechos (ver Anexo 1 sobre efectos ambientales de los monocultivos de ENCE) provocan un impacto grave e irreversible en los sistemas forestales en donde la empresa implanta sus cultivos. Este impacto es incompatible con una certificación de gestión forestal sostenible. Pero, a pesar de ello, grupos de defensa ambiental españoles forman parte del sistema FSC, WWF, Greenpeace, SEO Birdlife y Ecologistas en Acción son miembros de FSC España a pesar de que empresas certificadas por el FSC en Galicia, Asturias, Cantabria, Andalucía o Uruguay (y en muchos otros países del mundo, ver observatorio www.fsc-watch.org) no solo están muy lejos de llevar a cabo una gestión sostenible sino que, claramente, realizan una actividad seriamente destructiva a nivel ambiental y también a nivel social y económico y que está muy lejos de los estándares de gestión establecidos por el sistema FSC. El sello FSC que aparece en muchos productos fabricados a partir de madera, no garantiza que la materia prima proceda de una fuente sostenible y, en muchos casos, supone un fraude, un engaño al consumidor que paga un plus por un producto procedente de plantaciones indebidamente certificadas.
Por ello, los grupos de defensa ambiental que trabajamos en el entorno de las plantaciones de ENCE, solicitamos a las organizaciones miembros de FSC España, WWF, Greenpeace, SEO Birdlife y Ecologistas en Acción que abandonen el sello y dejen de dar amparo a políticas forestales fuertemente destructivas.
FIRMADO POR ANDALUS, FEDERACIÓN ECOLOXISTA GALEGA y WRM de Uruguay.
ANEXO 1. LAS REPERCUSIONES AMBIENTALES DE LOS MONOCULTIVOS DE EUCALIPTO DE ENCE
Las actividades forestales de las empresas de ENCE, con aspectos peculiares según la región donde se realicen Galicia, Asturias o Uruguay, conllevan en general un fuerte y negativo impacto ambiental, económico y social. En términos generales, ambientalmente, acarrean daños que afectan negativamente a la biodiversidad en las zonas de plantación y en su entorno, a los suelos que sufren una irreversible degradación física y química, al papel de los montes como reguladores del ciclo hidrológico y como fuente de usos y servicios más allá de la producción de madera para pasta y para ser quemada para producir energía, tal y como aquí se explica de modo sintético.
El uso de herbicidas en la eliminación de la vegetación acompañante, para evitar posibles competencias, impide que se pueda construir ninguna cadena trófica que no tenga como base al eucalipto, lo que restringe las posibilidades de transferencia de energía a un posible nivel de consumidores primarios a sus parásitos, fundamentalmente a insectos de los géneros Gonipterus y Phoracanta, los únicos depredadores que se alimenta en cantidad significativa de biomasa de eucaliptos. Hasta el momento no se ha encontrado ninguna evidencia de que ni las larvas ni los adultos de G. scutelatus sean depredados por ningún insectívoro, con lo que la posible cadena trófica existente en un eucaliptal de ENCE está restringida, en la práctica, a dos especies, el eucalipto y su parásito. En lo que se refiere a una posible cadena secundaria de detritívoros, tampoco esta es posible, el uso frecuente de insecticidas elimina cualquier posible artrópodo detritívoro del suelo que pudiese servir de alimento a consumidores secundarios, por lo que las plantaciones constituyen un sistema equivalente al desierto a nivel biológico y la posible flora o fauna que se pudiese encontrar en un eucaliptal estará presente siempre de forma accidental y nunca porque la formación ofrezca algún tipo de recurso. Estos cultivos forestales producen una disminución de la biodiversidad, tanto absoluta (número de especies que habitan estas repoblaciones) como relativa (abundancia de estos taxones). Por ejemplo, de acuerdo con la extensa bibliografía científica, debido a las repoblaciones monoespecíficas con especies alóctonas la biodiversidad de anfibios y reptiles disminuye porque ocurre un cambio en la dinámica del ecosistema que afecta al régimen hídrico y a la estructura y composición del suelo. Cabe esperar además que los daños se transmitan a las redes fluviales, a donde los agrotóxicos son arrastrados por la escorrentía, rompiendo así la función protectora que el monte debe ejercer sobre los recursos hídricos. La fauna ibérica depende de que los márgenes de ríos y arroyos estén bien conservados, con vegetación en buen estado de conservación. Otro ejemplo se refiere a las aves: en los eucaliptales la abundancia y la riqueza media de aves disminuye al menos 7 - 8 veces con relación a un ecosistema autóctono como el alcornocal. En el caso del Buitre Negro, determinados manejos forestales de eucaliptales han producido, entre otras repercusiones, el desplazamiento de parejas nidificantes de sus lugares tradicionales de cría y la reducción significativa del éxito reproductivo. También en el caso de los mamíferos este cultivo forestal produce la rarefacción de la mayoría de las especies, llegando a desaparecer por completo en su mayor parte. La eliminación de todo tipo de organismos y la destrucción de las conexiones tróficas, constituye un grave atentado contra la diversidad biológica y el incumplimiento manifiesto del principio 6 de los estándares del FSC.
Además, el uso masivo de herbicidas, al provocar el marchite de la vegetación previamente existente, convierte a esta en necromasa altamente combustible en períodos en los que las condiciones meteorológicas causan su desecación. Se facilita así la propagación de incendios forestales de gran intensidad, con eliminación del banco de semillas y destrucción de materia orgánica acumulada en el suelo y se favorece la posterior eliminación de suelo fértil por erosión.
El manejo de los suelos en las plantaciones se realiza de tal forma que conduce a su pérdida irreversible. El uso de maquinaria pesada desplazada sobre cadenas metálicas en la plantación y la tala produce degradación mecánica de los suelos, provocando una compactación que altera sus características de forma drástica; en particular se afecta a su permeabilidad, su resilencia, su capacidad de aireación y su biota, resultan así daños que afectan a los organismos edáficos y a la textura del suelo con lo que se fomentan procesos de desnitrificación, se dificulta el reciclaje de nutrientes y se facilita la eliminación por erosión. Pero los procesos erosivos se ven facilitados en Galicia y Asturias por el labrado de surcos profundos, con inversión de perfil, a favor de pendiente. Estos surcos actúan como canalizadores de la energía de la escorrentía incrementando la potencialidad erosiva de las aguas superficiales. En Andalucía las plantaciones se realizan después de una brutal mecanización de los suelos con la total eliminación de la vegetación y el aterrazado, alterando el perfil natural y destruyendo elementos esenciales para la dinámica y funcionamiento del sustrato edáfico dejando expuestos sus componentes a los procesos erosivos. En Andalucía, se ha generalizado el proceso forestal cíclico de plantación de eucaliptos-destoconado-nueva plantación. Deberían haberse establecido limitaciones técnicas a esta práctica, que acarrea, entre otras consecuencias, fuertes procesos erosivos y la destrucción ilegal de superficies de vegetación autóctona y matorrales que pasan a estar ocupadas por eucalipto.
Estos efectos destructivos a nivel de suelo y diversidad y el bloqueo de las transferencias de energía impiden la obtención de cualquier posible beneficio del monte diferente de la madera de eucalipto, incumpliéndose de forma brutal el principio 5 del FSC. Las repercusiones sociales de este hecho tienten también consecuencias ambientales, en efecto, la falta de recursos propicia el abandono del entorno rural y favorece la aparición y proliferación de los incendios. Incendios, destrucción de suelos, eliminación de vegetación y cultivo de invasivas con gran capacidad de transpiración implica también un importante efecto negativo sobre la conservación de los recursos hídricos que acompaña a los monocultivos de eucalipto de ENCE.

