Es difícil, por no decir imposible, ser objetivo al valorar cómo ha sido la Serena 2011. Más cuando ya tienes en la memoria muchas emociones vividas, disfrutadas y compartidas en otras ocasiones. Aún así esta Serena será recordada por sus óptimas condiciones meteorológicas y unas observaciones difíciles de superar.
Cierto es que los que nos apuntamos vamos dispuestos a pasar frío, lluvia y viento para ver durante dos días todos los pájaros que se nos pongan por delante. Y aunque un viento matador, del que no te puedes escapar en los llanos esteparios, nos lo haga pasar mal, la visión de un bando de avutardas nos hace olvidar por un momento que tenemos las manos y los pies helados. La visión de un espectacular paso de las grullas en vuelo te compensa del esfuerzo de levantarte antes de un amanecer con temperaturas bajo cero.
Ana, Miguel, Carlos, Miguel Ángel y Antonio. (Foto Miguel Ángel Martínez)
En esta última Serena hemos tenido la suerte de disfrutar de un tiempo típicamente anticiclónico invernal, frío pero solo con cero grados al amanecer, con cielos despejados y un viento muy débil o inexistente. La luz nos ha permitido disfrutar de unas observaciones de una calidad y una belleza inolvidables.
Como ya viene siendo tradicional, la Serena se ha ampliado hasta Vegas Altas. Hicimos noche, como en otras ocasiones, en el muy recomendable hostal restaurante La Panadería, en Benquerencia de la Serena. Bien temprano, con el castillo de Almorchón al fondo tomamos dirección a Cabeza del Buey hasta girar a la izquierda para iniciar el recorrido por la carretera de la golondrina (BA 035). Su orientación nos dejaba el sol de espaldas mientras avanzamos con paciencia para descubrir cualquier ave en el suelo o en el cielo. Este año tomamos un tramo de la Cañada Real Segoviana y el resultado fue muy satisfactorio. En conjunto destacamos la observación un bando de avutardas, un bando de unas sesenta gangas en vuelo que nos pasó por encima de nuestras cabezas, algunas ortegas y un bando de chorlitos dorados. Echamos de menos los cada vez más escasos sisones.

Observando aves en los llanos de la Serena. (Foto Miguel Ángel Martínez)
Por fin resolvimos el enigma del motivo o función de colgar un palo largo del collar de los mastines. Un lugareño nos dijo que molesta y disuade al perro de perseguir las ovejas que debe proteger y que si se dedica a hacerlas correr puede acabar matándolas. No obstante pudimos comprobar que a pesar de todo persiguen con el ahínco proverbial de la raza al todoterreno y no les impide saltar vallas. Se lo advertimos a los confiados.

Antonio abriendo el licor de guindas para el tradicional brindis. (Foto Miguel Ángel Martínez)
Llegamos al final de la carretera de la golondrina pasado un poco el mediodía. Ya en el embalse de Zújar decidimos almorzar cerca de su orilla, poco antes de pasar por la presa. No recordábamos si alguna vez pasamos por allí y que no nos soplara un viento tan fuerte como frío. Este año el aire estaba en calma y el sol contribuía a que disfrutáramos de un almuerzo muy agradable.

Almorzando en la orilla del embalse de Zújar.(Foto Antonio Alcántara)
El almorzar pronto nos dejaba una tarde larga teniendo en cuenta que en invierno te quedas sin luz a las seis y media. Pasamos por Orellana la Vieja y descubrimos, buscando un buen café, la Costa Dulce en el embalse de Orellana. A la salida del pueblo pasamos por la primera planta termosolar de este viaje. Continuamos hacia Acedera para llegar cuanto antes a Vegas Altas. Ansiábamos el encuentro con los bandos de grullas acudiendo a su dormidero.
Después de ver varios grupos de grullas comiendo tranquilamente muy cerca de la carretera, y algún esquivo elanio azul en los postes o sobre los cables, llegamos a los arrozales cercanos a la pedanía de Vegas Altas dispuestos a ver la llegada de cientos de grullas. Los dormideros varían de unos años a otros y este invierno no tocaba donde esperábamos.
%20red..jpg)
Grullas comiendo en un encinar (Foto Jean-Philippe Mayor)
Nos fuimos a unos arrozales cercanos a Moheda Alta y allí vimos pasar varios bandos de grullas. Completamente de noche decidimos que a la mañana siguiente buscaríamos el dormidero algo más allá de donde nos habíamos quedado. Lo que nos apetecía en esos momentos era llegar al Hotel Don Juan, en Navalvillar de Pela y cenar en Obando, en el café-bar María regentado por nuestra amiga María Ángeles. Nos trata siempre con cariño y la comida no puede ser mejor. Y el precio es, además, muy económico.
Antes de salir el sol ya estábamos junto a las instalaciones de Moheda Alta. Decidimos pasar los arrozales de la noche anterior, atravesamos un olivar, y en los arrozales siguientes estaban nuestras grullas. No sabríamos decir cuántas había pero el espectáculo de ver cientos en vuelo te deja tan maravillado que no se te ocurre ponerte fríamente a contar.
Grullas (Grus grus) en Moheda ALta.
Mientras estuvimos allí disfrutamos con la observación de escribanos palustres, gorriones morunos, gorriones molineros, verdecillos, etc. Unos pajarillos pequeños, con comportamiento inquieto y siempre en grupo, nos dejaron desconcertados.
Gorriones morunos (Passer hispaniolensis) en Moheda Alta.
Escrinano palustre (Emberiza schoeniclus) en Moheda Alta.
Cuando todos estábamos satisfechos, que no hartos, de grullas, decidimos proseguir con el que ha sido nuestro siguiente recorrido estas últimas Serenas. La carretera de Madrigalejo a Logrosán abandonada, o casi, hasta hace unos meses ha sido arreglada para las dos centrales termosolares de Casas de Hitos que han sido autorizadas con la oposición ecologista. No sabemos por qué, o por cuánto, se han elegido unos emplazamientos que alteran la vida de numerosas grullas (y aves limícolas) que allí tienen, o quizá tenían, su dormidero y su alimento. ¿No había otros terrenos de menor “valor ecológico”? ¿Es el precio que hay que pagar por las energías limpias?.¿O por unos puestos de trabajo a costa de los que pudiese crear el turismo ornitológico?.

Instalaciones de Termosol I en pleno montaje (Foto Ana Ledesma)
No sabemos qué impacto final van a causar las centrales termosolares pero, dada la envergadura de los proyectos, no va a ser pequeño. Las peores previsiones suponen que incluso las aves que invernan en el embalse de Sierra Brava van a verse afectadas. En la próxima Serena veremos las consecuencias de lo que se supone es limpio pero desde luego nada ecológico.
Con la balsa de Hitos en obras nada pudimos observar en ella salvo en sus cercanías. Por fin descubrimos la identidad de los nerviosos pajarillos. Eran bengalíes rojos, que son casi nada o nada rojos en invierno. Solo los machos conservan algo en el obispillo.
Bengalí rojo (Amandava amandava) en el entorno de la balsa de Hitos.
Llegamos al embalse de Sierra Brava y, como el sábado, echamos en falta el viento poderoso que en otras ocasiones nos puso a prueba para ver cuánto lo resistíamos intentando ver patos que se nos perdían intermitentemente en la lejanía de un oleaje oceánico. Comimos como nunca pensamos que lo íbamos a hacer alguna vez cerca de su orilla y nos fuimos al otro lado de la presa a ver los cientos o miles de patos más cerca. Aprovechando el tiempo inmejorable recorrimos los caminos que rodean el embalse desde la izquierda de la presa. Llegamos hasta donde llegan los pescadores, mejores conocedores de los recovecos del pantano, para ver las mismas especies (cucharas, ánades reales, frisos y rabudos, cercetas comunes, avocetas, somormujos lavancos, gansos comunes, etc.), ninguna de ellas con consideración de rareza.
En el camino de vuelta la aguda, y bien entrenada para la ocasión, vista de Carlos detectó a lo lejos un bando de avutardas que pronto se escondió en una vaguada. Continuamos para ver si el terreno y la suerte nos eran propicios y por segunda vez casi no pudimos verlas. Volvimos a intentarlo de nuevo y fue entonces cuando la Serena nos otorgó el mejor regalo que podíamos esperar. Creemos que la orientación de un sol de atardecer nos ocultaba de la vista siempre vigilante y cauta de todo un bando de veintiuna tranquilas avutardas. No supimos bien a qué distancia estábamos pero era lo suficientemente cerca para disfrutar de ellas con nuestros telescopios, como pocas veces se tiene la suerte, todo el tiempo que quisimos.
Avutardas (Otis tarda) en el entorno del Embalse de Sierra Brava.
Dando gracias por lo el regalo que habíamos recibido emprendimos el camino de vuelta por Campolugar. Repostando gasolina nos dimos cuenta de lo afortunados que son los que viven en aquellas tierras porque aún estando en la gasolinera pudimos disfrutar un espectáculo tan natural, y tan especial para nosotros, como es el vuelo de las grullas.
El próximo año la Serena nos volverá, seguro, a poner a prueba y nos volverá, seguro, a regalar momentos que solo quien sale a buscarlos es merecedor de vivirlos y de quedárselos en el recuerdo.
Pincha aquí y podrás obtener más información sobre esta ruta ornitológica.
Lista de observaciones
Abubilla (Upupa epops)
Agachadiza común (Gallinago gallinago)
Aguilucho cenizo (Circus pygargus)
Aguilucho lagunero (Circus aeruginosus)
Alcaudón real meridional (Lanius meridionalis)
Ánade friso (Anas strepera)
Ánade rabudo (Anas acutas)
Ánade real o común (Anas platyrhynchos)
Andarríos grande (Tringa ochropus)
Ánsar común (Anser anser)
Avefría (Vanellus vanellus)
Avoceta (Recurvirostra avosetta)
Avutarda (Otis tarda)
Bengalí rojo (Amandava amandava)
Bisbita sp.(Anthus sp.)
Buitre leonado (Gyps fulvus)
Buitrón (Cisticola juncidis)
Cerceta común (Anas crecca)
Cernícalo vulgar (Falco tinnunculus)
Cigüeña blanca (Ciconia ciconia)
Cogujada sp. (Galerida sp.)
Colirrojo tizón (Phoenicurus ochruros)
Cormorán grande (Phalacrocorax carbo)
Cuervo (Corvus corax)
Curruca capirotada (Sylvia atricapilla)
Chorlito dorado común (Pluvialis apricaria)
Elanio Azul (Elanus caeruleus)
Escribano palustre (Emberiza schoeniclus)
Estornino negro (Sturnus vulgaris)
Focha común (Fulica atra)
Ganga (Pterocles alchata)
Garceta común (Egretta garzetta)
Garcilla bueyera (Bubulcus ibis)
Garza real (Ardea cinerea)
Gaviota reidora (Larus ridibundus)
Gaviota sombría (Larus fuscus)
Gorrión molinero (Passer montanus/em>)
Gorrión moruno (Passer hispaniolensis)
Grulla común (Grus grus)
Jilguero (Carduelis carduelis)
Lavandera blanca (Motacilla alba)
Lavandera cascadeña (Motacilla cinerea )
Martín pescador (Alcedo atthis)
Milano real (Milvus milvus)
Mosquitero sp. (Phylloscopus sp.)
Ortega (Pterocles orientalis)
Pato cuchara (Anas clypeata)
Perdiz común (Alectoris rufa)
Petirrojo (Erithacus rubecula)
Pinzón vulgar (Fringilla coelebs)
Ratonero común (Buteo buteo)
Somormujo lavanco (Podiceps cristatus)
Tarabilla común (Saxicola torquata)
Tórtola turca (Streptopelia decaocto)
Triguero (Miliaria calandra)
Urraca (Pica pica)
Verdecillo (Serinus serinus)

