Crónica del viaje a Tarifa, Septiembre de 2011

 

      La emoción que produce la anticipación de una vivencia ya imaginada había ido madurando en cada uno de nosotros desde hacía días. Acudíamos a la cita tarifeña con la misma ilusión que sentíamos de niños cuando, ansiosos en la víspera del día de Reyes, nos preguntábamos si se verían cumplidos nuestros deseos o seríamos sorprendidos con algún regalo aún mejor que el deseado. Para los más experimentados del grupo, el viaje a Tarifa tenía además el valor del rito, repetido cada año, que es hito que marca el paso del tiempo. Entre los expedicionarios también había quien, dueño aún de una escuetísima colección de vivencias pajareras, se disponía a emprender un auténtico viaje iniciático.

  

Los participantes

 

     Las dos mañanas del fin de semana madrugamos para llegar prontito a la Playa de los Lances. Una vez allí, limícolas y gaviotas. Y también, desde el primer momento, generosas dosis de paso migratorio, como aperitivo de lo que nos aguardaba. Así, de pronto, un gavilán –aleteo y breve planeo- observándonos con sus curiosos ojos amarillos –aleteo y breve planeo-. Casi inadvertido, un pequeño mosquitero. Convencerse de que el delicado mosquitero es una de las formas evolucionadas en que hoy perviven los dinosaurios, es un verdadero acto de fe. Pero si sobre nuestras cabezas pasa, con sus alas extendidas, un joven alimoche, llegar a tal convicción no es algo que requiera tanto esfuerzo, pues basta reparar en su cara de pterodáctilo guapo.

 

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Alimoche joven (Foto: Ricardo Fernández Luna)

 

      En Tráfico nos esperaba, además de un nutrido grupo de observadores, la asombrosa visión de rapaces y planeadoras por centenares. A lo lejos, a través de los telescopios, un enjambre de cigüeñas, que trataba, luchando contra el viento, de aproximarse a las imponentes moles de perfiles brumosos adivinados al otro lado del Estrecho. ¡Qué privilegiados todos los que allí estábamos!. ¡Las clases prácticas que hubiera podido impartir Linneo!: - Obsérvense las “luces de aterrizaje” que identifican al águila calzada en su aproximación hacia el espectador; … compárense las calzadas de fase clara con las de fase oscura y aún con las que pertenecen a la fase que deberíamos denominar “intermedia”; …fíjense en el nítido triángulo blanco que se forma en la parte inferior de la cigüeña negra por contraste con el cuello y las alas oscuras,… ¡Qué inmensa variedad de modelos vivos allí congregados para nosotros!.

 

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Águila calzada (Foto: Ricardo Fernández Luna)

 

      También la noche nos reservó sus momentos. Inmersos en la húmeda floresta, el jefe de expedición lanzó al aire de la noche la voz del cárabo, la cual guardaba entre sus exhaustivos pertrechos en formato cd. La sombra del misterioso animal acudió a la mágica invocación, surgiendo de la laurisilva. Esa noche, durante la cena entre voces y risas, y aún después, cuando, ya rendidos, descansábamos en las cabañas, el cercano ulular del cárabo nos alertó de que su presencia casi espectral, aunque invisible para nosotros, nos seguía vigilando.

 

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El grupo con otros observadores (Foto: Miguel Ángel Martínez)

 

      Parece ser que el último domingo de septiembre los tarifeños celebran la romería de la patrona, la Virgen de la Luz. Impedido nuestro desplazamiento por la ingente invasión de romeros de la carretera que nos tenía que llevar, desde los Lances, al siguiente destino, aprovechamos la pausa para desayunar con apetito. La sensación de energía y actividad se renovó en nosotros, alimentados no sólo de café y molletes, sino también de la confidencia de un ornitólogo alemán que el día anterior había explicado dónde ver, en nuestra propia tierra andaluza, esas únicas y pocas decenas de ibis eremitas que viven en libertad en toda Europa. Hacia el punto indicado nos dispusimos.

 

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Bando de Ibis eremita (Foto: Ricardo Fernández Luna)

      Aproximándonos al lugar del posible avistamiento, todos con los cinco sentidos bien alerta. Como tan excepcional visión no está prevista en las guías modestas, los advenedizos que tomaban parte de la expedición se servían de la imagen mental más sencilla a su alcance, con la que habían sido ilustrados a tal propósito: “algo así como garcillas negras”. Bendecidos por la suerte de estos principiantes, no tardamos en avistar los ibis. Nos estaban esperando al lado mismo de la carretera y allí posaron para los medios gráficos durante largo rato, sin sentirse inquietados, más que, por un momento, por el merodeo amenazante de un águila real que sobrevoló la escena.

 

 

Vídeo de ibis eremitas criados en cautividad y liberados en el sur de Cádiz

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Aguilucho lagunero (Foto: Ricardo Fernández Luna)

      Cuando se aproximaba el final del viaje, las expectativas de cualquier amante de las aves podrían haber quedado ya ampliamente cubiertas. Pero faltaba el postre. Y nos lo tomamos en la Laguna de Medina, en forma de surtido variado de pajarillo moscón, aguiluchos, somormujos y elanios, con las cucharas que en grupo cruzaban ante el punto de observación. Las siluetas de miles de aves seguían amontonándose en nuestras retinas, sin tiempo suficiente de haber podido ser asimilada la verdadera dimensión de la vivencia. Para entonces, cada vez era más fuerte la triste conciencia de que la belleza que estaba terminando de pasar por delante de nosotros estaba destinada a escurrírsenos entre los dedos en muy poco tiempo. Menos mal que alguien encontró la frase certera que, de un solo golpe, nos curó de las nostalgias de domingo: -¡Ha sido algo repetible!.

 

 

Joven de pájaro moscón frente al observatorio de la laguna de Medina

 

Lista de observaciones

Abejaruco común (Merops apiaster)

Águila calzada (Hieraaetus pennatus)

Águila culebrera (Circaetus gallicus)

Águila real (Aquila chrysaetos)

Aguilucho lagunero (Circus aeruginosus)

Alcatraz (Morus bassanus)

Alimoche (Neophron percnopterus)

Ánade friso (Anas strepera)

Ánade real o común (Anas platyrhynchos)

Avión común (Delichon urbica)

Avión zapador (Riparia riparia)

Buitre leonado (Gyps fulvus)

Buitrón (Cisticola juncidis)

Cárabo (Strix aulaco)

Cernícalo sp. (Falco sp.)

Cigüeña blanca (Ciconia ciconia)

Cigüeña negra (Ciconia nigra)

Cogujada sp. (Galerida sp.)

Correlimos común (Calidris alpina)

Correlimos tridáctilo (Calidris alba)

Cuervo (Corvus corax)

Charrán patinegro (Sterna sandvicensis)

Chorlitejo grande (Charadrius hiaticula)

Chorlitejo patinegro (Charadrius alexandrinus)

Elanio Azul (Elanus caeruleus)

Espátula (Platalea leucorodia)

Estornino negro (Sturnus vulgaris)

Flamenco (Phoenicopterus ruber)

Focha común (Fulica atra)

Garceta común (Egretta garzetta)

Garcilla bueyera (Bubulcus ibis)

Garza real (Ardea cinerea)

Gavilán (Accipiter nisus)

Gaviota de Audouin (Larus audouinii)

Gaviota patiamarilla (Larus cachinnans)

Gaviota reidora (Larus ridibundus)

Gaviota sombría (Larus fuscus)

Golondrina común (Hirundo rustica)

Golondrina dáurica (Hirundo daurica)

Grajilla (Corvus monedula)

Halcón abejero (Pernis apivorus)

Ibis eremita (35 ind.) (Geronticus eremita)

Jilguero (Carduelis carduelis)

Milano negro (Milvus migrans)

Milano real (Milvus milvus)

Mirlo común (Turdus merula)

Mosquitero sp. (Phylloscopus sp.)

Pájaro moscón (Remiz pendulinus)

Papamoscas cerrojillo (Ficedula hypoleuca)

Pato cuchara (Anas clypeata)

Perdiz común (Alectoris rufa)

Petirrojo (Erithacus rubecula)

Pinzón vulgar (Fringilla coelebs)

Ratonero común (Buteo buteo)

Ruiseñor bastardo (Cettia cetti)

Somormujo lavanco (Podiceps cristatus)

Tarabilla común (Saxicola torquata)

Tórtola turca (Streptopelia decaocto)

Triguero (Miliaria calandra)

Vencejo real (abundante) (Apus melba)

Vencejo sp. (Apus sp.)

Vuelvepiedras (Arenaria interpres)

Zampullín chico (Tachybaptus ruficollis)