Querido Carlos, esta vez mi voz es sólo el canal de comunicación de todos los que tuvimos la enorme suerte de compartir contigo un segmento importante de nuestras vidas. Hubiésemos deseado continuar juntos y por más tiempo este viaje, pero nos truncaron a todos el sueño. Creo que todo lo vivo está interconectado más allá de la conciencia y es por ello que presiento que hoy y ahora, todos esos pájaros que has observado y protegido, te elevan son solemnidad hasta los confines del universo.
¿Y qué nos dejas? En esencia, la calidad y la excelencia de tu vida con ingredientes memorables como tu independencia insobornable y vehemencia pasional por la perfección en la consecución de tus objetivos que, a veces, ha sido causa de incomprensiones por el elevado nivel de autoexigencia.
Creemos, y tú nos lo has reconocido recientemente, que has sido feliz en el devenir de tu existencia. Una vida intensa y plena. Tu saludable rebeldía ya se manifestó nítidamente cuando ante la compulsión inexorable de un extraordinario entorno académico familiar optaste por otras fórmulas de subsistencia que pronto derivarían en una entrega absoluta por la supervivencia de la naturaleza. Rápidamente te integras en Andalus, eres cofundador de la Fundación Bios y junto a Rafa Galán creas el programa más veterano a nivel mundial de conservación de una especie seriamente amenazada, el Proyecto Buitre Negro. Conectas con ecologistas suizos que se solidarizan con vuestro proyecto hasta conseguir de ellos financiación privada para que tu obsesivo sueño se convirtiese en realidad: La reserva biológica de Puerto Moral.
Te agradecemos haber sido políticamente incorrecto en numerosas ocasiones. Jamás silenciaste tus denuncias y críticas ante los poderes del momento. Ganabas autoridad moral aunque fuese contraproducente para los proyectos que abanderabas.
Imposible olvidar algunos momentos estelares. Tres de la madrugada. Llamada telefónica desde unos cientos de kilómetros requiriendo tu presencia por el hallazgo de un buitre accidentado. No lo dudas. Te levantas, abandonas tu plácido sueño y acudes a socorrer a la víctima.
Y, ¿cuántas veces te subiste a 17 m de altura para reparar los maltrechos nidos ante la mirada atónita de advenedizos ecologistas amedrentados? ¿Y tus viajes de exploración a Canadá, Argentina o Australia? Y tus diez viajes a Marruecos. No solo ibas a mirar extrañas especies de avifauna, también te encargabas de llevar equipamiento deportivo y material escolar previamente solicitado por ti a las administraciones públicas locales andaluzas. En silencio, como siempre, dejabas tu estela de solidaridad con la pobreza.
Vas a seguir siendo una inequívoca referencia en la coherencia, en el rigor y en la firme determinación por la defensa de la naturaleza. Tu increíble actitud de lucha ante la terrible enfermedad que te consumía ha sido una enseñanza áurea para todos nosotros que perdurará mientras vivamos.
Te vamos a hacer caso Carlos, cualquiera te contradice, y te llevaremos como tú querías, a 'la Pelá'.
Ismael Roldán Castro
Sevilla, 29 de diciembre

